martes, 17 de marzo de 2009

Hipertextualizaciones del hipertexto en un mundo hipertextualizado


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¿Cómo y cuándo comenzó el hipertexto literario? Conocer a ciencia cierta los orígenes y antecedentes del hipertexto me lleva a los propios del cognitivismo humano, como poco. Las relaciones mentales de conexión sináptica en la mente humana pueden ser infinitas, así como los son las conexiones naturales y las del propio hipertexto. Con la invención de la escritura, el “hipertexto mental”, pasó a establecerse también como literario. El único inconveniente para que se saltara e interconectara de un texto a otro era la propia estructura lineal de nuestra mente. En la época grecolatina, la historia era concebida como un ente cíclico, mientras que en la actualidad la concepción es lineal. Resulta complicado pues, establecer una idea mental completamente distinta de lo único que hemos conocido, de pluralidad e infinidad de posibilidades, destinos, vueltas y conexiones.
Un ejemplo de hipertexto literario es sin lugar a dudas J.L. Borges. Nos lo demuestra a través de sus relatos, con sus dèjá vu de uno a otro, y con los llevados a cabo dentro de los propios en sí. En ambos, los protagonistas son lo infinito, lo plural y lo caótico. Todo unido, inducen a lo irracional. Y eso es lo que pierde al lector, que el propio Borges no deja de hipertextualizar: obliga a leer y releer, a recordar un elemento en otro texto, a reflexionar, a relacionar cosas más o menos extrañas,… es decir, a vivir la misma novedad incomprensible que están viviendo los personajes de sus relatos. Se basa en relaciones y conexiones de ideas mentales. Nos obliga a dejar atrás aquello a lo que estamos acostumbrados como es la metódica y cuadriculada estructura lineal introduciéndonos en una pluralidad que se hace compleja.
Definir “hipertexto” y situarlo en un marco resulta por tanto, realmente complicado. El hipertexto es la telaraña infinitamente ramificada y a la que se puede acceder a través de distintos puntos. El hipertexto es la multiplicidad de los destinos, ya que cada paso que decidimos dar en nuestra vida, es “hipertextual”. También es un laberinto como aquellos a los que jugábamos de pequeños uniendo líneas hasta llegar a la recompensa –o haciendo trampas empezando desde el final, que también sería hipertexto-. Es empezar a hablar de la economía china de las coliflores moteadas y acabar hablando de las hombreras de los 80. Y, ¿por qué no? también es un universo de universos paralelos. Es en definitiva, las relaciones de lo infinito donde, más que el autor, el agente activo es el lector-autor.
Todo esto ha ido también desarrollándose junto con las nuevas tecnologías. Y, aunque durante todo el artículo yo he estado usando palabras de la familia de “hipertexto”, este concepto en verdad no apareció hasta hace un par de décadas con una aplicación más digital pero con la misma intensidad que Borges lo lleva a la práctica en sus relatos.
Nuestra mente sigue teniendo una estructura “hipertextualizada”, pero ahora, gracias a las nuevas tecnologías y al uso de Internet, también estamos aplicando esta estructura a lo literario. Nos hacen ver que quizás Caperucita Roja no se salvó gracias al cazador, que puede que ni siquiera tuviera abuela, o tuviera tres, que quizás el lobo y ella eran íntimos, o que quizás nunca se conocieron, o que posiblemente Caperucita era en realidad un camionero de la M-30.
Es una forma de ver el mundo y, quién sabe, quizás estemos más cerca de lo que pensábamos en convertirnos en un nuevo homo hipertextualizalitis. (O no, o sí, o un poco, o en otro universo paralelo, o quizás a los de Cuenca les aparezca también superpoderes para conducir…)

WEBLIOGRAFÍA:
"El libro de arena", Jorge Luis Borges
"El jardín de senderos que se bifurcan", Jorge Luis Borges
"Definición de hipertexto"
"Conceptos y definiciones de hipertexto"
"Hipertexto"
"Teoría del hipertexto", Rosanna Mestre
Hipertexto según la Wiki

Imagen: "Relatividad" (1953), M.C. Escher

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